No tengo ni la menor duda que la mejor de mis versiones aparece cuando estoy enamorado. El problema es ese, enamorarme. Tan convencido estoy que la única forma correcta de vivir esta vida es con absoluta locura y desbordado frenesí que cuando lo hago me dejo llevar sin freno. Y por eso, ahora mismo, mi corazón está lleno de miedo. Ha aprendido de golpe en golpe a esconderse, a vacilar y quedarse inmóvil, aguantando la respiración, conteniendo el latido en espera de pasar desapercibido. Ha sanado sin duda pero las cicatrices lo dejaron ciscado. Me cuesta atreverme, admitir siquiera que me gusta. Decírselo o demostrárselo es casi imposible. Como diablos enamorarme cuando tengo una y otra vez el desatino de fijarme en mujeres que no me corresponden. Dónde estará quién se fije en mí, cuándo la conoceré, cómo me atreveré a acércame, no tengo ni idea. Lo único que me queda es esperar y esperar otra vez.