jueves, 30 de diciembre de 2010

Hágala

Esto de los recuentos a final de año no se me da pero hacer planes sí. Tons, he aquí mis cuatro objetivos para el próximo año:

  1. Independizarme y vivir solo
  2. Titularme y entrar al doctorado
  3. Ponerme buenísimo antes de los treinta
  4. Echarle huevos y matar al Chabelo que llevo dentro

domingo, 26 de diciembre de 2010

Sin más que una pequeña estrella

Este año fue una navidad muy rara. Muy alejada del guión corriente en mi familia. Algo presagiaba la ausencia de mi abuela. Puede colocarse esta noche buena en la lista de las peores. Solo una cosa tengo para recordar. Mi sobrina más pequeña, con toda su reconfortante inocencia y cariño cumplió uno de mis sueños. Acepto que de ahora en más se llama Eduarda.

jueves, 9 de diciembre de 2010

No va con mi elocuencia

Ilusiones, magias, hechizos, embrujos, trucos y demás mañas que he cultivado en mis años no fueron suficientes. Con un simple pase de la mano puedo esconder un elefante en un sombrero; de tus orejas puedo aparecer estrellas; o con un movimiento de mi varita oscurecer al mundo; y de que me ha servido cuando en el artificio de ocultar fui traicionado y mi secreto relevado. Peor aún, el traidor fue perverso, imperdonable, fue mi corazón. No pude esconderlo, callarlo, resguardarlo de tu brillo y necio por alcanzarte ha confesado. El desgraciado grito con tal fuerza tu nombre anudado a nuestro secreto, imposible no hayas odio. No estábamos listos. Acostumbrados estábamos a observarte y suspirar ocultando todo signo visible. Maestros del desvió de miradas nos habíamos convertido. Cazadores expertos de mariposas estomacales y jardineros de epidérmicas emociones ya éramos. Maquillábamos rubores, disfrazábamos excitaciones y escondíamos en carcajadas sarcásticos la música que animas en nosotros como expertos inigualables del engaño. Temeraria perfección había conseguido nuestro arte. Regentes del ruido que oculta nos creíamos. Y en fin, un chispazo, un momento imperceptible de vulnerabilidad de ese maldito dio al traste con todo nuestro esfuerzo. No supo, no pudo contenerse y sin malicia lo ha confesado. Ahora no sé más como esconderlo, como hacerte olvidar y poder continuar con la artimaña que evade volver a decirte que te amo.