¡Pinches escuincles! ¡Voy a poncharles ese maldito balón! ¡Aquí no es cancha! ¡Vayan a joder el zaguán de su casa!
Gulp, no sé ni cómo se llama ese ñor que se la pasa gritándonos y persiguiéndonos con unas tijeras oxidadas para ponchar el balón. Tenía que ser el Mike, siempre vuela el balón. Lo peor es que nos lo acaban de comprar y nos van a mandar a saludar a la abuela si les pedimos otro a nuestros papás. Sino sacamos el balón antes de que llegue el viejo no volveremos a ver el balón. Alguien tiene que armarse de valor y saltar la barda, no hay de otra.
¡Diablos! ¡Soy un pendejo! Si ya sé que siempre pierdo los volados para qué digo que sí, ¡El que pierda los volados se brinca, carajo! Mmmmffffff, que difícil la barda está altísima, ni modo. Dentro de la casa estoy aterrado, es un lugar horrible. Más viejo que el don que vive aquí. Está oscuro, sucio, lleno de cosas extrañísimas. No hay por donde caminar. El suelo está repleto de cosas viejas, los muebles son más antiguos que los de mis abuelos. Chale, nunca ha limpiado, hay polvo por todo lado. Que fotos tan raras, están carcomidas, ya casi ni se ven. Orales, casi todas son de la misma señora, bonita no era. Qué es eso, no, esa madre no puede ser para escuchar música. Ja, esta televisión es como de mil pulgadas con una pantallita. Nunca voy a encontrar el balón. Wacala, la cocina está todavía más sucia. Impresionante hay millones de recipientes de comida comprada en el súper mercado. Carajo, el viejo no estaba afuera, está dormido. Vaya, su recamara parece tumba. Sus cobijas ya ni tienen color. Por fin, aquí está el balón, a correr. Que loco, creo que señor duerme abrazando una foto. Yo no quiero ser un viejo así de solitario.
¡Listo! ¡A jugar! ¡Noooooooooooo, pinche Mickey ahora vas tú!